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Conservar el Agua

La crisis de la escasez de agua no es algo que se vaya a producir en un futuro lejano, pues ya la estamos padeciendo: cada minuto que pasa mueren tres niños por enfermedades causadas por falta de agua potable. Debemos conservar el agua por el bien de los niños y de futuras generaciones. Lo cierto es que resulta fácil ahorrar agua y tenemos muchas posibilidades a nuestro alrededor.
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El agua dulce no es tan ilimitada como parece. De hecho, no hay agua nueva en el planeta. La misma agua que había disponible en tiempos de los dinosaurios es la que disponemos ahora. Los ciclos climáticos de los que dependemos para llenar nuestros acuíferos son cada vez más inestables, y cada ciudad en el mundo, desde Barcelona hasta Atlanta, se enfrenta a su propia crisis del agua. Mientras tanto, en el mundo en vías de desarrollo mueren dos millones de personas cada año por enfermedades causadas por la falta de agua potable. En 2025, dentro tan solo de 13 años, 5,3 mil millones de personas, o dos tercios de la población mundial, sufrirá escasez de agua.

Sin embargo, muchos de nosotros vemos la crisis del agua como algo que sucede en algún lugar remoto. Pero el agua que utilizamos no desaparece de pronto, sino que se contamina. Cada año creamos el equivalente del agua contaminada de los océanos. Eso incluso antes de considerar nuestra huella humana en el agua: el agua dulce que utilizamos para producir comida, los materiales que utilizamos y consumimos a diario. Para que una hamburguesa llegue a nuestro plato se consumen 2.400 litros de agua. Un nuevo par de zapatos, 8.500 litros de agua. La mayoría de nosotros nunca valora la cantidad de agua que se necesita para sostener nuestro estilo de vida. Sin embargo, los costes ocultos de agua están a nuestro alrededor.
Cada uno de nosotros está contribuyendo a la crisis mundial del agua, y por tanto cada uno tenemos que formar parte de la solución al problema. A nuestro alrededor tenemos muchas oportunidades para conservar el agua y reducir la huella humana sobre ella. Por ejemplo, cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes puede servir para cambiar el modo de consumo y el gasto inútil de agua. Nuestros hábitos colectivos tienen una gran influencia en el consumo del agua a nivel mundial, y esos pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia. Cuando hacemos pequeños ajustes en nuestro estilo de vida, podemos inspirar a que otros sigan el mismo camino, creando un efecto dominó que puede propagarse a través de nuestra comunidad y del mundo entero. La Guía eficaz para la conservación del agua, que aparecerá en vuestra bandeja de entrada de e-mail cuando pulséis sobre Cuenta conmigo, está repleta de consejos sencillos sobre cómo reducir nuestro consumo de agua, además de contener instrucciones para los más intrépidos ahorradores de agua, así como aprender a utilizar el agua de lluvia. Cuando nos detenemos y miramos a nuestro alrededor encontramos muchas formas de ahorrar agua, tantas como personas hay en el mundo, lo que significa que cada uno de nosotros puede asumir el compromiso de conservar agua y formar parte de la solución al problema.